Un lunes cualquiera

No, no todas las semanas empiezan con un lunes maravilloso lleno de energía, un buen desayuno, ejercicio y meditación. No, no siempre todo es tan idílico.

Hay lunes en los que una mala noticia te llena de negatividad. Hay lunes en los que tocas fondo.

Ese fue el lunes de mi semana.

Este lunes hemos ido a la clínica donde mi pareja y yo decidimos hacernos el tercer tratamiento de fertilidad. Después de hacer y pagar un estudio de selección de esperma y un estudio DGP (análisis genético) pudimos averiguar que los embriones que generamos suelen tener aneuploidies complejas.

Sí, muchos habréis escuchado lo de “incompatibilidad genética”. No me gusta decir que Dani y yo somos incompatibles, ¿cómo puede ser que dos personas que se quieren tanto como nosotros puedan ser incompatibles?

Bueno, me costó un tiempo y ansiedad asimilar que después del tratamiento había un embrión neuploide (sano) al que llamamos Vikingo porque quedó congelado esperando su siguiente ciclo.

El día de la transferencia fueron todo nervios: que se descongele correctamente, que continue estando bien, que vaya bien la transferencia. Y todo fue bien. Hasta este lunes, cuando la prueba de embarazo nos dice que no se ha implantado correctamente.

Después de tres abortos espontáneos, creo que era la peor noticia que podíamos recibir. Nada nos hacía pensar que eso podría pasar. ¡Si he tenido que pasar por cuatro legrados en los anteriores abortos!, ¡¿cómo es posible?! Pero como siempre, no hay respuesta. No hay explicación.

Y estoy cansada de no tener explicación ni respuesta para lo que me pasa, así que después de la noticia, Dani y yo salimos a correr a la montaña. Fuimos a respirar. A volver a encontrarnos. Y así fue, no pienso terminar la semana como la he comenzado.

Ya no sé si quiero continuar pensando en mis hijos, creo que no. No por ahora. No he tirado la toalla, simplemente ahora no puedo dar mi 100% a esto como he hecho los últimos 6 años. Ya no puedo más. Quiero irme lejos y desaparecer. Dedicarme a mí y a mi pareja. Sí, quiero vivir, pero quiero hacerlo con todas las letras.

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